Subí descalzo la cuesta empedrada
Con una veladora y un rosario en la mano
Vengo a pedirte por mi niña enferma
Que ningún doctor ha podido sanar
Te traigo mis manos llenas de callos
Te traigo el sudor de toda una vida
No tengo oro, no tengo plata
Solo esta voz agradecida
Madrecita de las montañas
Cúbrela con tu manto azul
Madrecita, que amanezca
Con sus mejillas llenas de luz
Y al bajar del cerro, sonó mi teléfono
Mi niña despertó llamándome papá